“Wo bist du…?”

Hoy me siento bastante ñoña. No sé realmente por qué. Me siento trágicamente romántica. Ya sé, cosas de darketos.
 
Son diez para las siete. Seguro toda la gente de mi ciudad -sino es que la del estado- está viendo por la tele una que yo considero una señal más del Apocalipsis: cómo el equipo de futbol estatal logró llegar a las finales nacionales o lo que sea. Lo peor es que les acaban de meter un gol, por un penalty. Seguro con eso pierden.
 
Les puedo recomendar AMPLIAMENTE el nuevo disco de Rammstein "Rosenrot". No había tenido oportunidad de adquirirlo, menos escucharlo, pero mi buen amigo Yza tuvo la gentileza de facilitármelo. Todo el disco tiene un aire sumamente trágico que se adivinaba ya desde el Mutter con canciones como "Mutter", o mi favorita "Nebel", y que de alguna forma lograron ignorar en el "Reise, Reise" que sonaba infinitamente más cínico, salvo por "Amour", "Ohne Dich" y si acaso la sombría "Morgenstern".
 
Es entonces el escuchar el Rosenrot a lo que puedo achacar esta vorágine de sentimientos… y como les había prometido, voy a subir una historia que acabo de escribir. Me justificaré antes: no es el tipo de cosas que yo escribo, pero de todos modos espero que sea de su agrado. Titulada como una canción del Rosenrot, les presento:
 
Don’t die before I do.
 
El Vampiro acechaba desde la espesura que rodeaba el sendero. Sabía que no tardaría en pasar por ahí tal como hacía todas las noches al recoger a cada uno de los integrantes de su rebaño. Seguro los brutos no eran concientes en absoluto de lo afortunados que eran al estar en manos tan gentiles y responsables.
 
Se removió inquieto, a la espera. En un profundo silencio. Sabía que su presencia era bien percibida por otros tantos integrantes de la naturaleza nocturna, pues las aves de la noche no cantaban, los mosquitos habían desaparecido, y los únicos que revoloteaban eran los murciélagos. También se escuchaba ocasionalmente el aullido lejano de una manada de lobos. Esperaba que ella no lo notara, pero, pobre criatura, tan dulce, tan llena de ingenuidad, jamás se percataba de ello.
 
Pasos lejanos. El agudo oído del No Muerto pudo detectarlos a una distancia considerable. Si hubiera estado vivo su estómago habría ardido con una mezcla de hambre e impaciencia. Ahora todo lo que había era hambre, hambre permanente, hambre eterna.
Primero comenzaron a pasar las ovejas. Estúpidos y lentos animales, su suave vellón captaba destellos de fuentes de luz insospechadas, su balar habría sido reconfortante para otros oídos, pero a él sólo le parecía increíblemente molesto. Después una silueta se perfiló contra el horizonte.
 
Según él recordaba debía ser una silueta esbelta, y lo era, salvo por un detalle. Parecía llevar un bulto considerable en los hombros. Sintió cada lento paso como una palpitación que resonaba en su interior. Comenzó a salivar, pasó la lengua por los resecos y fríos labios, y siguió esperando.
 
Conforme ella siguió avanzando, notó que aquello que coronaba su figura no era sino un corderillo cálidamente acomodado en torno a su cuello. Ella lo sujetaba con ternura por las patas, y el animal balaba con premura. Seguro era un peso considerable para una chica tan frágil. Ella siguió acercándose, hasta que estuvo justo frente a su escondite.
 
Como si fuera un designio divino, ella detuvo sus pasos vacilantes justo frente a sus ojos. La tenía a una distancia tal que bastaría con extender su mano para rozarla. Bajó con dificultad al cordero de sus hombros y lo colocó suavemente en una extensión de hierba mullida. Se arrodilló a su lado, y con movimientos considerados y expertos revisó las patas del animal coyuntura por coyuntura.
 
El cordero baló con desesperanza cuando ella llegó al tobillo de su pata izquierda, ella sonrió, y desató el pañuelo que recogía su cabello. Éste cayó en una cascada dorada y rojiza que se antojaba suave como el plumón de las aves recién nacidas, con los colores del atardecer escondidos y reluciendo sólo para él.
 
La joven pastora ató el tobillo del animal y le susurró dulces palabras, su voz se le antojó como el murmullo del arroyo más puro de la montaña. Su piel como leche, sus labios como fresas maduras…
 
Sintió que sus ojos dolían, sintió que su alma se henchía de tal cascada de sentimientos que iba a explotar, que no podría soportarlo. Trágica y románticamente el Vampiro supo que esa noche no podría hacerla suya, pues ella se pertenecía a sí misma, y sería un pecado siquiera osar mancillar su suave piel.
 
 
Y la dejó ir.
 
———–
 
                                                                                         Sam’s ’06
 
Por favor, comenten!!
 
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3 Respuestas a ““Wo bist du…?”

  1. Ciertamente no tiene el final que uno esperaría, pero eso no le quita merito. Todo lo que escribimos, dibujamos, fotografiamos, etc, es reflejo de nuestras emociones. Ahí descargamos toda nuestra ideología y carga social. Si sólo mostraramos una cara, seríamos o robots o terribles (inserte aquí representante de un arte). Sigue así, estaré atento a nuevas historias!!

  2. Que chingona te quedó tu historia. Y sí, muy atípica, como me lo advertiste.
    Y que bella noche pasamos hoy, no? Pese a tanto disgusto inicial, creoq ue la cosa acabó bien.
    Te amo, preciosa. Cada que dudes, acuérdate de eso.

  3. Hey! Ta wena la historia, me agrada, me agrada el toque asi como que poético que le das a tus escritos.
    Ojalá subas más de estas más seguido.
    Y ps, del de Rosenrot solo he oido dos o tres rolas que me he hallado, no más u_u

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